México en armas
El 1 de enero de 1994, cuando México anunciaba su entrada en la ‘modernidad’, un ejército indígena, el EZLN, declaraba la guerra al Estado y recordaba los males ancestrales del país: injusticias, pobreza, autoritarismo.Dos décadas después, el hartazgo se ha multiplicado entre los mexicanos y miles se han alzado en armas, aunque menos organizados, ante la mirada de un gobierno que no sabe qué hacer.
Dispuestos todos a garantizar una seguridad que el Estado no les da, grupos de todo tipo se mezclan en territorios donde impera el crimen organizado. ¿Se avecina una verdadera revolución social o el caos?
Hay sido meses duros pero ahora, dicen, tienen por lo que morir. Mireles recuerda, por ejemplo, la masacre de Los Reyes, el pasado mes de julio. Dos centenares de personas se manifestaban contra la inacción del ayuntamiento ante la violencia y a favor de los grupos de autodefensa. “Era una manifestación de paz, no íbamos armados, llegaron unos hombres y empezaron a acribillar a todos a sangre fría”, contó un testigo.
Su región, una zona agrícola y ganadera muy próspera conocida como Tierra Caliente, nada tiene que ver con las empobrecidas mesetas purépechas también de Michoacán donde en abril de 2011 otro pueblo, Cherán, se alzó también contra el crimen, en aquella ocasión, hartos de los talamontes que destruían sus bosques, secaban sus ríos y desaparecían o asesinaban a quienes se opusieran a ellos. “Ellos son indígenas y su organización es de antes de la llegada de los españoles –distingue Mireles-; nosotros somos un pueblo más joven creado con la estructura política nacional. Pero ellos han sido nuestro ejemplo”.
Hay otras diferencias: las comunidades indígenas suelen organizarse para otros temas, no solo en seguridad, y no se expanden como sí ha hecho el movimiento de autodefensas de Tierra Caliente. Surgió en 3 de los 113 municipios de Michoacán, ahora controla 28. “Nosotros vamos a donde nos piden ayuda”, justifica el doctor Mireles mostrando una carta en la que uno de los pueblos vecinos les solicita apoyo. “Todos los estados de la República que estén en la misma situación que nosotros, deben defenderse”.
Un mes antes de los alzamientos en Michoacán, el vecino estado de Guerrero vivía una situación similar. En las localidades de Ayutla y Tecoanapa el detonante fue el secuestro de un comisario, un líder comunitario respetado por la ciudadanía. Los civiles no aguantaron más. Agarraron cualquier arma a su alcance, desde fusiles a machetes y pistolas, y fueron casa por casa hasta que lograron rescatarlo. Pronto otros les imitaron, mujeres incluidas.
“En Xaltianguis vivíamos una especie de parálisis emocional”, explica Miguel Angel Jiménez, el comandante de esta localidad a media hora de Acapulco. “Hay ejército y policías locales y estatales pero no me pregunte qué hacen. Son los otros los que campaban a sus anchas. Un día los mañosos [criminales] fueron a buscar a un joven y como no lo encontraron sacaron a su padre a plena calle y ahí le cortaron la cabeza. Por eso propuse unirnos a la Unión de Pueblos Organizados del Estado de Guerrero, explica Jiménez.
Corría el mes de agosto y Xaltianguis saltaba a las portadas de México por ser el primer pueblo en el que las mujeres también se armaron. En cuatro días hubo 102 voluntarias. “No sabíamos nada de seguridad ni de disparar, pero aprendimos”, dice Rosa Elena Flores, un ama de casa de 33 años.
“Las balas salieron desde dentro de la presidencia municipal”, asegura tajante Mireles. “Tengo dos sobrinos con balazos. Fueron a atenderse al hospital y no los quisieron recibir por miedo. Una enfermera fue a atenderlos a la casa. Una semana después la mataron junto a sus dos hijos”.
En casi todos los lugares donde hubo alzamientos, la primera intención de los grupos fue poner a disposición de las autoridades a los criminales que detenían pero al ver cómo esos delincuentes quedaban libres poco después les hizo desconfiar de todos. En algunos lugares incluso se llegó a detener temporalmente a militares para presionar a las autoridades. No hubo éxito. “En México dejan impunes el 93% de delitos”, sentenciaba a fin de año el diario Reforma en su portada.
Así, durante todo 2013 se fueron multiplicando en Guerrero, Michoacán, Estado de México, Tabasco, Oaxaca, Veracruz… distintos grupos (Frente Campesino Franciso Villa, Pueblo Unido contra la Delincuencia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo) dispuestos a tomarse la justicia por su mano, una situación explosiva de la que ya ha alertado la ONU y que está dejando, al menos en Guerrero y Michoacán, cientos de desplazados internos.
Además, ocurre en un país con enormes desigualdades, donde con el cambio de siglo el crimen organizado se apoderó de los vacíos de poder que surgieron tras el desmoronamiento del sistema priísta (según explican investigadores como Edgardo Buscaglia) y donde proliferan las armas en poder de fuerzas no gubernamentales (desde narcotraficantes a ex guerrilleros, pasando por cazadores y campesinos).
Según un informe del mes de mayo del International Crisis Group hay milicias de algún tipo en al menos 9 estados de los 32 del país (otras fuentes dicen que en 13) pero la situación es especialmente preocupante en Michoacán y Guerrero donde se combinan grupos muy estructurados y con siglos de tradición (los conocidos realmente como policías comunitarias), con otros más espontáneos (autodefensas) centrados solo en dar seguridad.
Además, según el ICG, también hay que distinguir entre “los grupos de autodefensa que son respaldados por sus comunidades y aquellos que son meras fachadas de los cárteles criminales” y aspiran a imponerse frente a sus contrarios. El problema es que distinguir a unos de otros es tan complicado como garantizar que la delincuencia no se infiltre entre ciudadanos que reclaman su legítimo derecho a la seguridad. En Guerrero, según la revista Proceso, la Procuraduría General de la República investiga presuntos vínculos con el narcotráfico de, al menos, 15 alcaldes de pueblos donde han surgido movimientos armados. “Ojalá no estén inmiscuidas algunas malas personas en el movimiento, que ha crecido tanto”, decía por su parte un líder de las autodefensas michoacanas, Hipólito Mora, al diario Reforma.









0 comentarios: